Me han parecido geniales las reflexiones que he sacado de este escrito. Las comparto con vosotros.

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Si en medio de un salón ponen un elefante, y para las personas sentadas alrededor es la primera vez que ven ese animal, las que están al frente dirán que un elefante es un animal alto con dos ojos, dos orejas enormes, una trompa, dos colmillos y dos patas. La personas que lo ven lateralmente no estarán de acuerdo, Ellas sostendrán que un elefante es un animal largo y grande, con una trompa, dos patas, pero que solo tiene una oreja, un ojo, un colmillo y una colita peluda atrás. Las personas que lo tiene por atrás, alegarán que un elefante es una cosa con dos ancas enormes, una colita peluda y dos patas, pero que ni es largo, ni tiene ojos, ni colmillos, ni orejas y mucho menos una trompa. Y si cada uno sostiene su punto de vista, nunca se podrán poner de acuerdo sobre lo que realmente es un elefante.

Así que antes de enjuiciar, enojarnos, deprimirnos ante la conducta ajena, pensemos que el otro tiene una visión diferente a la mía y según éste, él actúa. Vayamos dándole la vuelta al elefante para ampliar nuestro visión del mundo, para ampliar nuestra mente, ya que la mejor manera de aprender es a través del conocimiento del otro y esto sólo se logra con una buena comunicación. Yo estoy bien, pero el otro también. Cada uno responde a su propia visión mental. Yo me enriquezco y amplío mi visión a través del otro. Voy a averiguar y aprender de las diferencias, así crearemos más opciones y aprenderemos a respetar a los demás.

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Cuantas más rutas u opciones ofrezca nuestra visión, más oportunidades tendremos de conseguir nuestros objetivos y esto sólo se logrará a través del arte del cuestionamiento interno y la aceptación de los demás. 

Esta semana me han pasado dos situaciones que considero muy curiosas. Más que dos situaciones han sido dos comentarios sobre dos personas con las que comparto algunas horas cada semana. Ambas dos con un humor enfermizamente desagradable, malhumoradas, enfadadas con el mundo que les rodea, con la gente que les hablan, con el aire que respiran. Personas que a los dos minutos de estar con ellas, te repelen, hasta sorprende el grado de amargura que desprenden. Y aunque aparentemente no tienen nada en común, para mi lo tienen todo, porque es lo único que veo en ellas: amargura, malhumor.

Mafalda

 De una de ellas me preguntaron a principios de semana si los fáciles enfados y malas contestaciones que daba eran fruto de un nerviosismo acumulado por una situación de tensiones familiares. De la segunda, esta misma  mañana me preguntaron si siempre estaba con esa cara de amargura desagradable o si tenia momentos de alegría, cordialidad o dulzura.

Realmente me ha hecho mucha gracia que en cuestión de un par de días, personas diferentes me preguntaran por algo que para mi está siendo tan evidente desde hace mucho tiempo. Y que, añado, me transmite bastante pena. Pena por la infelicidad que desprenden.

A los dos comentarios respondí una frase del Dalai Lama que me quedó grabada cuando asistí a una conferencia suya en Zurich hace unos años.  Y es la siguiente: ‘los problemas los creamos nosotros mismos’. Y podéis pensar que es muy obvio lo que acabo de decir, pero a mi se me abrió un mundo de posibilidades. El hecho de tener un contratiempo que no esperabas puedes generar un momento de tensión, de nervios. Pero el siguiente paso es saber vivirlo y llevarlo con la mejor de las actitudes, barajando las posibilidades para solucionarlo.

Para mi no hay una constante justificación al malhumor, a la agriedad. Por supuesto tenemos derecho a tener nuestro momento, pero cuando se convierte en una norma, pasa a ser preocupante, además de crear un ambiente desagradable con la gente que te rodea.

De todas formas, sabed que de todo me gusta aprender algo. De esto hay varias conclusiones a las que llego:

  1. Me enseñan cómo es mejor tomarme las cosas, los cambios inesperados.
  2. Me recuerdan cómo se siente la gente cuando yo tengo algún momento de malhumor o nervios.

En definitiva, mejoran considerablemente mi carácter y mi felicidad. ¡Gracias!

Pero os confieso que me costó llegar a esta conclusión. Al principio me generaba malestar y tensión que pagaba con terceros.  Ahora les deseo unos BUENOS DÍAS cada mañana con la mejor de mis sonrisas, aunque luego me ladren.

He descubierto, además, que ganamos 4 años de vida si reímos un ratito cada día. ¡¡Todo son beneficios!!

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El día a día nos absorbe de tal manera que no nos paramos a hacer balance de nuestras necesidades. No tienen porque ser necesidades básicas, pero si las que, si las localizáramos y supiéramos cómo solventarlas, nos harían sentir más tranquilos y con una visión más clara de nuestras apuestas futuras, llámense objetivos, metas o propósitos.

Encontrar un momento para dedicarlo a uno mismo y permitirse el lujazo de escucharse resulta complicado y no valoramos las ventajas de hacerlo. Pero creo que nos lo debemos. Y, en realidad, lo necesitamos. Pero no lo hacemos. Muchas veces pensamos que es un rato en el que podríamos estar haciendo cualquier cosa y tenemos la sensación de perder el tiempo, cuando, en realidad, estamos invirtiendo en nosotros mismo y en nuestra calidad de vida.

Solo necesitamos un papel y un lápiz. Y tranquilidad. Y empezar a escribir. A dibujar conceptos. A unir ideas. A reposar lo escrito. A retomar lo meditado. A conjugar todo ello para llegar a una IDEA FINAL. Clarificar sensaciones, pensamientos, objetivos, posibilidades, recursos, limitaciones, propuestas, atajos, habilidades, etc.

Os advierto que el primer día parece que no os haya servido de nada. Coged el papel una semana después. Releedlo. Retocadlo y pulid las ideas. Os aseguro que de ese esquema, de ese mapa conceptual de tu vida sacaréis mucho más de lo que esperabais. Y con la práctica, os será cada vez más fácil ordenar vuestras ideas y avanzar en vuestros proyectos. Además de dedicar un tiempo a vosotros mismos, a nuestro interior. A nuestro YO.

 

Porque podemos tener miedo a muchas cosas y porque es lícito tener miedo. Aunque, en ningún caso, debe conseguir bloquearnos, limitarnos, paralizarnos. Bien lo contrario. Inquietarnos y así idear la manera de seguir caminando.

Este poema de Raymond Carver (1939-1988) me ha parecido increíble. Aquí os lo dejo. Es deber compartirlo. carver

MIEDO

Miedo a ver un coche de la policía acercarse a mi puerta.
Miedo a dormirme por la noche.
Miedo a no dormirme.
Miedo al pasado resucitando.
Miedo al presente echando a volar.
Miedo al teléfono que suena en la quietud de la noche.
Miedo a las tormentas eléctricas.
¡Miedo a la limpiadora que tiene una mancha en la mejilla!
Miedo a los perros que me han dicho que no muerden.
Miedo a la ansiedad.
Miedo a tener que identificar el cuerpo de un amigo muerto.
Miedo a quedarme sin dinero.
Miedo a tener demasiado, aunque la gente no creerá esto.
Miedo a los perfiles psicológicos.
Miedo a llegar tarde y miedo a llegar antes que nadie.
Miedo a la letra de mis hijos en los sobres.
Miedo a que mueran antes que yo y me sienta culpable.
Miedo a tener que vivir con mi madre cuando ella sea vieja, y yo también.
Miedo a la confusión.
Miedo a que este día acabe con una nota infeliz.
Miedo a llegar y encontrarme con que te has ido.
Miedo a no amar y miedo a no amar lo suficiente.
Miedo de que lo que yo amo resulte letal para los que amo.
Miedo a la muerte.
Miedo a vivir demasiado.
Miedo a la muerte.
Ya he dicho eso.

Una vez un amigo me dijo que nuestra cultura era la cultura del ‘es que….’. Es que me lo han perdido… es que son muy lentos…es que me he dormido… Y le tuve que dar la razón ¡¡porque la tenía!!

Hay cierta costumbre a hacer de nuestros olvidos algo comunitario. En cambio, de nuestros logros algo personal. Y ciertamente es así. Y si no decidme, cuando alguien llega tarde al trabajo qué motivos suele dar: es que había retenciones, es que me quedé sin gasolina, es que el metro pasó tarde, es que me dormí, etc. Yo misma he dado alguna de estas explicaciones, ¡lo reconozco!

No es cierto que si llegas tarde a una cita o al trabajo sea por culpa del retraso del metro, si no porque saliste justa de casa para llegar a esa cita. Y si no entregas un trabajo antes del deadline es, simplemente, porque la gestión de tu tiempo no fue la adecuada. Y si dejaste de visitar a algún amigo/a, es cuestión, básicamente, de interés, no porque los días los tengas tan a rebosar que no puedas hacer una llamada.

El sentido de la responsabilidad es complicado de asumir cuando estamos acostumbrados a culpar a los otros, a las cosas, al tiempo, al dinero, etc de nuestra falta de compromiso.

La persona responsable es aquella que actúa conscientemente siendo él la causa directa o indirecta de un hecho ocurrido.

 A partir de este sentimiento de responsabilidad nace la culpa. ¡La gran fustigadora! La que te va repitiendo, constantemente, que deberías haber hecho esto y aún no lo has hecho. La que nos mueve hacía el deber y la obligación a hacer las cosas porque toca hacerlas sin ver las ventajas de las mismas. Y con ello no quiero decir que, por ejemplo, limpiar nuestra casa sea una actividad de lo más divertida y apetecible. (¡que no lo es!) Pero nos reporta unas comodidades y ventajas visibles, que si las tenemos más en cuenta no nos costará hacerlo.

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Os aconsejo, sin embargo, un par de cosas:

1. Hacer una LISTA de aquellas cosas que queráis conseguir (ser puntual, entregar los trabajos a tiempo, ser constante en mi régimen,…)

2. Que esa lista sea REAL, es decir, que sepáis que vais a poder llegar a todos los puntos marcados.

3. Que lo APLIQUÉIS en el máximo de situaciones posibles, para que se convierta en un hábito.

Si aquello que te propones no lo cumples, responsabilízate de ello. Valora en qué fallaste, qué dejaste de hacer para no lograrlo, siempre desde el YO, no desde los demás. Ten en cuenta que de ti depende casi todo lo que te pasa, es bueno saber cuándo dejaste de responsabilizarte y lo relegaste a manos del azar, de los demás, del despertador o del ‘complot’ del universo para hacerte llegar tarde a una cita.

Con ello dejarás de sentirte culpable por no haberlo logrado, no lo verás como un deber y sentirás las ventajas de conseguirlo tu solo.

¡Estos últimos días han sido muy intensos!. Han sido intensos y muy sentidos. He vuelto a tener el gran lujazo de pasar tiempo con aquellos que más quiero y los he disfrutado muy de cerca. La excusa: fiesta sorpresa de 70 años de mi padre. ¡Gran fiesta! Él feliz, pletórico, brutalmente sorprendido y ¡explosivo! Cuando consigues sorprender y hacer sentir a alguien tan feliz ya no necesitas mucho más.

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Durante el transcurso de la noche lo vi reír, hablar, abrazar, agradecer, llorar, hacer guiños de orgullo. Lo vi pensativo, atento a los suyos, distraído recordando. Os puedo asegurar que lo que me llenó esas horas verle así no tiene precio.

Hubo un momento en que algunos espontáneos quisieron dedicarle unas palabras improvisadas. Unas palabras, todas ellas de cariño y de agradecimiento, que escuché atenta y que me hicieron pensar en lo buenísimo que sería si todas ellas las dijéramos más a menudo. Lo grande que nos harían sentir esas palabras si nos las dijéramos cuando las pensamos y no esperásemos a estar en fiestas como estas para expresar lo mucho que nos llena una persona, lo que nos gusta su sonrisa, lo orgullosos que podemos estar de ella.

Nos resulta más fácil y cómodo decir las cosas negativas de los otros. La queja es la respuesta rápida, sencilla.  Y, en ocasiones, no prestamos atención a aquéllas positivas, a los pros, a las ventajas. A todo podemos sacarle punta. ¿Pero qué ganas con ello? ¿mejora la situación cuando la criticamos? ¿encontramos soluciones cuando nos quejamos? ¿decir frases como ya os dije que esto no saldría bien sirven de mucho?

La actitud positiva, la de valorar qué aprendes con cada error mejora tus logros considerablemente!! Tener la capacidad y costumbre de descubrir las cosas buenas que te aportan las otras personas, empequeñecen las que consideras negativas. Y si, además, le sumas el propósito de decírselas ya es la bomba! A mi, personalmente, me resulta complicado decírselas a según quien. Pero cuando me las dicen a mi me hacen sentir tan bien. Entonces, ¿por qué no intentar hacer sentir bien a los demás? En realidad, y hablo por mi, es una falta de costumbre, porque a los que son cercanos las expreso con naturalidad.

Esa es mi propuesta: hacer sentir bien a los demás, para sentirse más sano interiormente, y acostumbrarnos a pensar en positivo, a sonreír más….qué digo, ¡mucho más!!  y a destruirnos menos! A lo mejor, de esta manera, cuando alguno de nosotros falte, tendremos la tranquilidad de haberle dicho lo mucho que le queríamos, lo bueno que era, lo bien que le sentaban los sombreros de paja en verano o lo guapo que estaba cuando sonreía.

Esta semana he estado ‘out of office’, conociendo lugares nuevos. He pensado en dejar un pequeño detalle de lo que estoy aprendiendo.

Simplemente, me apetecía transmitir la importancia de conocer otras culturas, otras lenguas, otras gentes. De intercambiar tradiciones, historia. Qué enriquecedor es y qué sano para nuestras mentes críticas y juiciosas!! Y saber que de todos aprendemos algo nuevo, de todos!!

Feliz fin de semana!

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Trata a un hombre tal como es, y seguirá siendo lo que es; trátalo como puede y debe ser, y se convertirá en lo que puede y debe ser.  J.W. Goethe

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No sé si sois conscientes de las grandes cosas que puede llegar a lograr alguien cuando se cree en él. Es indiferente el ámbito al que nos refiramos (laboral, personal, formativo, etc). He podido demostrarme los cambios que hace una personita cuando empieza a saborear esa confianza dada por mi. He  visto con suma rapidez cómo llega a cambiar una actitud negativa a una positiva solamente transmitiendo la tranquilidad de que si fallas no va a pasar nada, que si caes vas a poder levantarte y eso va a ser grande, de ello vas a aprender y mejorar. He sido protagonista y testigo de la mejoría que genera transmitir esa mirada de “creo en ti y sé que lo harás bien, puede que no hoy, ni mañana, pero lo harás bien.”

Como adultos nos pasa muy a menudo. Queremos demostrar que sabemos lo que hacemos, que somos conocedores de los procesos y pasos a seguir. Pero en ocasiones las personas más cercanas no han sabido creer en nuestro potencial, no han sabido darnos esa tranquilidad en el momento de fallar y saber que puedes volver a empezar. Y es un factor primordial para conseguir el éxito.

Pensad en un líder, en alguien que os ha dejado huella por haber creido en vosotros en algún momento de vuestras vidas en que las cosas eran complicadas de afrontar. Seguramente esa persona (jefe/a, profesor/a, padres, amigo/a, entrenador/a, etc) os ha hecho sentir poderosos, capaces, grandes, buenos, aptos. Os lo ha dicho sin palabras. Y, probablemente, se ha comportado como líder:

  1. Ha escuchado tus opiniones y las ha tenido en cuenta, respetándolas, dándoles valor real.
  2. Te ha hecho pensar, razonar, dando vueltas a tus ideas, sin descartarlas.
  3. Te ha animado a actuar en base a tu criterio, fortaleciendo tu autoestima.
  4. Te ha dado apoyo en tus decisiones.
  5. Se ha ofrecido para asesorarte cuando lo necesitases.
  6. Ha querido estar contigo acompañándote en tus éxitos.
  7. Sabías que si a la primera no lo conseguías, era un reto para volver a probarlo, no un fracaso.
  8. Ha sido un animador/a incondicional en tus momentos de flaqueza.
  9. Ha resaltado tus potencialidades.
  10.  Te ha dado un feedback positivo para seguir evolucionando.

Cuando nos comportamos de este modo con los demás vemos cambios tan gratificantes que vale la pena aplicarlo. A veces lo pensamos y no lo decimos. Empecemos a hacer saber a aquellos que nos rodean que pueden ser buenos en lo que hacen. Empecemos a verbalizarlo. Se generaran unas relaciones personales y profesionales más sanas y transparentes. Respiraremos a lo grande por sentirnos poderosos, por sentirnos buenos en aquello que hacemos. Y por hacer sentir a los demás del mismo modo.

¡En realidad es un regalazo!

 

Tanto si piensas que puedes como si piensas que no puedes, tienes razón. Henry Ford

 

Os dejo esta reflexión. Siempre es bueno parar a analizar cómo afrontamos los grandes y pequeños retos. Creerse capaz de conseguir lo que uno se propone es una actitud que te llevará al éxito sin duda! Sólo hay que creérselo y actuar!

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la fotoVenga, ¡a cambiar situaciones! Sólo necesitas un par de consejos, que te los regalo a continuación:

1. Decide QUÉ quieres cambiar. ¡Escríbelo!

2. Dedícale 10 minutos a ese QUÉ. Piensa posibles maneras de moverte hacia ese OBJETIVO. No descartes ninguna, ya te darás cuenta de la inviabilidad de ese camino y escogerás otro. La idea es no dejar de intentarlo. No abandonar y ser creativo a la hora de decidir CÓMO.

3. Busca en tu pasado objetivos alcanzados. Piensa en los pasos que diste que te hicieron avanzar. Cópialos en la medida de lo posible.

4. Márcate pequeñas metas que te acerquen a tu QUÉ. Eso te aportará motivación para continuar y autoestima, sintiendo que, realmente, serás capaz de conseguirlo TU!

5. Importantísimo: marcarte una fecha. El CUÁNDO. Es, a mi parecer, imprescindible!

Una vez hayas decidido estas tres cosas, empezarás a avanzar, ¡te lo aseguro!