‘El mundo necesita personas que irradien vitalidad, serenidad, alegría y confianza. Si la depresión es contagiosa, también el entusiasmo lo es. Cada uno ha de elegir cómo quiere vivir los distintos momentos que marcan su existencia. Ya no nos convencen las palabras, solo nos inspira el ejemplo.’ Mario Alonso Puig.

¡No podía tener más razón!

La personas tendemos a acompasarnos. Emanamos un estado de ánimo, una energía que contagia a los de alrededor. Y es bien curioso y efectivo si se usa para calmar a las masas. Por ejemplo, ante un público de 25 menores, en una aula, con ganas de jaleo y dificultades para mantener la atención. Resulta un arma muy útil para llegar a la calma y sana para no perder los nervios.

Es una acción que a ojos de los demás es imperceptible e inconsciente pero que acaban por claudicar y cambiar sus actos. Y pasa en circunstancias muy sencillas de detectar. Por poner algún ejemplo os diré que cuando un alumno, vuestro hijo u otra persona se dirige a vosotros gritando o excitado y vuestra respuesta es calmada y el tono de voz más adecuado, éste tiende a bajar el tono y tranquilizarse. Sin tener que decirle nada lo has llevado a tu terreno y vuestra relación no ha sufrido ningún altibajo.

El silencio es mil veces más efectivo que un grito descontrolado. Hay que saber cuándo echar mano de ellos.

La mirada, muy eficaz, aunque no hay que abusar, porque pierde valor. Una mirada firme, directa y seria hace replantearse la situación al otro sujeto. Sin más intención que dar un toque, un aviso. Dar a entender que por ese camino no va bien.

Los gestos con brazos y cuerpo en general que acompaña al mensaje verbal son más significativos que el propio mensaje. A veces hablan por si solos. Si nuestros gestos son calmados los demás reduciran ritmo. Si son alborotados, ellos se aceleraran.

Del mismo modo os cuento que si le ponéis vitalidad e ilusión a lo que hacéis acabareis ‘enganchando’ y ‘arrastrando’ a alguno de los de alrededor. A la que activas tu cuerpo y te pones en marcha muchos se levantarán y andarán contigo, te seguirán. No hará falta que les digas que despierten, lo harán por mimetismo.

Y nos pasa lo mismo a nosotros cuando vamos conduciendo y suena una canción que nos hace vibrar, tendemos a acelerar y si nos ponen una balada nos apetece estar en un sofá leyendo, tranquilos, disfrutando de la música sin más. Una película triste nos hace llorar, sin embargo no estamos tristes. Nos acompasamos con lo que vivimos.

@History_pics

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Cuando estos modelos los pones en práctica de forma individual suele ser más sencillo de conseguir. Ante un gran grupo costará algo más pero puedo asegurar que hay cambios. Y si no…¡ponte a prueba y hazlo!

Tenerlo en cuenta mejora el día a día en el aula, desgasta menos, conectas más.

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