Cómo sentimos lo que vivimos y saber identificar las emociones es sinónimo de salud emocional. Es una forma más de conocernos y mejorar la estabilidad y la seguridad personal, además de influir positivamente en nuestras decisiones. Pero no nacemos con esta información, simplemente, mediante la propia experimentación, vamos sorprendiéndonos con ellas. Es por eso que si sentimos miedo en una situación determinada puede que nos paralice y no nos deje actuar o bien puede salvarnos la vida. Es, en este punto, donde debemos ser capaces de elegir nuestra reacción y que no nos domine la emoción.

Las emociones son previas a los pensamientos. Y dicen que el ser humano es dueño de sus pensamientos. Para ello es importante saber manejarse con ellas. Según

sherlie

Existen seis emociones básicas en el ser humano: alegría, tristeza, rabia, asco, miedo y sorpresa. Cuatro de ellas tienen connotaciones negativas (asco, tristeza, miedo y rabia), una positiva (alegría) y una bidireccional (sorpresa). Las negativas han ayudado a la supervivencia del ser humano al hacernos más precavidos, menos osados.

El miedo nos ha hecho correr en momentos de peligro, salvándonos en situaciones complicadas. Aunque también nos hace creer que no somos capaces de conseguir retos. De escondernos para no afrontar la realidad. Superar ese momento y valorar de qué, realmente, se tiene miedo es una opción que nos simplifica la escena.

El asco hace que nos contengamos ante productos o situaciones en las que está en juego nuestra salud. La expresión facial es muy característica. Son sinónimos el desprecio, la antipatía y la repulsión. Es una expresión facial muy gráfica y difícil de disimular cuando la sientes.

La tristeza nos ayuda a ganar tiempo para interiorizar situaciones de dolor. Se produce una disminución de la energía y del entusiasmo, además tendemos a ver la botella medio vacía. Nos sentimos flojos. Saber cómo reponerse es la clave.

Con la rabia la adrenalina se dispara, los latidos del corazón también. El flujo sanguíneo se concentra en las manos, por eso hay gente que ante esta emoción tiende a golpear. Pero nos ayuda a reaccionar y luchar.

La sorpresa es la emoción que a mi me parece más curiosa. Nos permite percibir de forma más sensible los estímulos. La retina se abre más de lo normal (por eso tendemos a abrir los ojos cuando nos sorprende algo o alguien). La vives en positivo y en negativo más intensamente.

Y, finalmente, la alegría que nos ayuda en nuestro propósito de vida: ser felices. La botella la vemos esta vez medio llena, ronda el positivismo y nos mostramos más creativos y proactivos.

Trabajarnos emocionalmente demuestra valentía y seguridad pues descubriremos seguro aspectos o reacciones que nos harán pensar.

Cualquier edad es buena para empezar, pero es sumamente efectivo en niños y adolescentes. En niños por el descubrimiento y la identificación de las mismas. En adolescentes por la facilidad en definir lo sentido, por la predisposición que muestran y la pureza al reflexionar con ellos sobre las emociones que transpiran por los poros de su piel.

Una buena manera de empezar es acostumbrarse a verbalizar lo que sentimos. Y, además de verbalizarlo, intentar que sea en formato positivo. No es tan fácil, os lo aseguro, pero cuando eres capaz te sientes realmente bien.

5 comentarios
  1. Miquel Alegret
    Miquel Alegret Dice:

    Hay que saber dosificar bien la verbalización de los sentimientos, pero es cierto, hay auténticos maestros en «no saber» verbalizarlos, o hacerlo con cosas que realmente no suponen demasiada profundidad emocional.

    La verbalización de los sentimientos requiere valentía y arrojo al principio, seguridad en uno mismo después… En mi opinión, la gente que no los expresa carece de estas cualidades, además de provocar también «silencio emocional» en los demás sin darse cuenta.

    Responder
  2. Granota
    Granota Dice:

    Creo que el verdadero mensaje de este correo está al final (y me atrevería a sugerir a la autora que le dedicara un artículo): la expresión de nuestros sentimientos.
    La educación y las costumbres sociales tienden a «educarnos» para no exteriorizar lo que sentimos, sobre todo cuando pensamos que podemos ‘quedar mal’ o mostrar nuestras debilidades. Yo creo que no somos ni más fuertes ni más débiles si expresamos lo que sentimos; somos más sinceros y, por lo tanto, más auténticos… más como somos (sin pensar en cómo queremos ser percibidos).
    ¡Croac!

    Responder
  3. marta
    marta Dice:

    Me quedo con el último párrafo: «acostumbrarse a verbalizar lo que sentimos e intentar que sea en formato positivo.» Para algunos, algo necesario y vital, pero para otros – y me incluyo en este grupo – un ejercicio de gran esfuerzo personal. Creo que la clave del post está en el hecho de hacerlo en «formato positivo». ¿Quién no tiene el típico amigo que todo el día se queja de todo? En su vida todo son problemas, siempre está cansado o decaído y tomar algo con ellos te quita la energía. Exteriorizar, sí! Pero lo difícil está en ver las cosas desde otro prisma.

    Responder

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *