¿Cómo nos sientan los avisos, las opiniones personales, las valoraciones de los demás sobre nosotros o nuestra manera de hacer? ¿Nos sentimos agredidos u ofendidos cuando alguien, de confianza o no, nos ha expresado su opinión al respecto?

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Las críticas positivas o constructivas tienen una intención sumativa. Y aunque recurrimos a ellas para valorar aspectos de las acciones de otros, son mensajes que nos hacen estar sensiblemente a la defensiva por su implícito juicio. Saber aceptar las críticas es, a mi parecer, síntoma de madurez y seguridad personal. Y aunque la intención de las mismas es aportar y ayudar a mejorar no tendrán el mismo efecto que el feedback.

El objetivo principal del feedback es reflexionar sobre acciones pasadas o presentes y proyectarlas mejoradas al futuro. Esas mejoras recaen directamente en alguno de estos tres ámbitos: comportamental, actitudinal o identitario.

No es tan importante el qué decimos sino cómo lo decimos.

Debemos tener algunas cosas en cuenta:

  1. La intención de dar feedback no debe ser, en ningún caso, con el fin de conseguir propósitos personales.
  2. Existen momentos delicados en que intuimos que la otra persona no está preparada para recibir feedback. En este caso no sería efectivo y es mejor desistir y esperar otro momento.
  3. La humildad es reconocer que no sabes sobre algo, aunque pienses que sí sabes. A veces esta actitud ayuda a dar feedback porque mediante nuestras preguntas curiosas le hacemos entender al otro en qué podría mejorar, sin expresarlo directamente. De esta manera las posibilidades de que se moleste son mínimas. Es, realmente, efectivo.
  4. Y, sobretodo, preguntar siempre a la otra persona si podemos darle feedback. Esta pregunta la predispone a escucharnos y su actitud será abierta y positiva.
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