Los mayores somos los máximos responsables de educar a los más jóvenes. Pero debemos elegir bien la forma de hacerlo. Hay vias atractivas y positivas de transmitir la enseñanza de manera que les ilusione y les motive a conocer más, a ser más críticos y más sanos emocionalmente. Por ello creo que nos debemos proclamar  GESTORES DEL TALENTO.

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¿Y cómo conseguir llevar a cabo una mejor gestión de estos pequeños talentos? A mi parecer, hay claves que puede ayudar a manejarlo. No son las únicas pero es un comienzo. Os presento alguna de ellas.

  1. Dar protagonismo al alumno para que pueda valorar opciones y escoger la más adecuada, haciéndose responsable de sus decisiones y las consecuencias que de ellas se derivan.
  2. Ayudarles a expresar los sentimientos. En ningún caso quiere decir que debamos  avanzarnos y poner nombre a lo que les pasa a ellos. Deben ser ellos los que pongan nombre a lo que sienten. Esperar a que lo verbalicen.
  3. Que tomen conciencia de las capacidades de las que gozan, de los recursos personales con los que cuentan. Hacerles saber que son buenos en ciertos aspectos y que es bueno potenciarlo.
  4. A partir de sus potencialidades encontrar las debilidades y trabajarlas desde la humildad, sabiendo que todo aquello que uno se proponga con esfuerzo puede llegar a conseguirlo.
  5. Desarrollar su creatividad. Les hará disfrutar más de los procesos de aprendizaje.

 

Todo ello les ayudará a vivir más intensamente y a reforzar su imagen y su autoestima. Se verán capaces de conseguir pequeños retos que antes ni se habían planteado.

 

¡Todo suma!

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