¿Sois conscientes de la cantidad de cosas que dejamos de decir? ¿Os habéis dado cuenta que tendemos antes a decir algo negativo y crítico de los demás antes que un aspecto positivo? Que hablamos más de nuestros problemas que de nuestras alegrías y logros. Y que la queja está por delante del agradecimiento. Que la vida del vecino nos resulta más interesante que la nuestra.

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No damos valor real a nuestras conversaciones. Podemos tener cientos de pequeñas conversaciones a la semana pero ¿todas son de calidad? ¿A qué solemos dar importancia en ellas? ¿Hablamos de nosotros o de los demás? ¿Escuchamos más que hablamos?

La calidad de las personas dependen, en parte, de la calidad de sus conversaciones, de su capacidad de escucha y de saber transmitir con claridad lo deseado.

‘A ese problema le falta una conversación’ es una frase que escuche hace poco y esa persona tenía toda la razón del mundo. Pero esa conversación no se podía tener con cualquiera, porque ese cualquiera no siempre es la persona que sabe escuchar, que sabe estar.

Las conversaciones nos cambian la vida. En ellas, si estamos en escucha activa, nos aportan más de lo que pensamos. Y no se miden tanto por los minutos que en ellas estamos y dedicamos sino en la intensidad y la intención que le pongamos. En cinco minutos puedes tener la mejor conversación de tu vida. En cinco minutos puedes también tener la peor. No se cualifica su valor por el tiempo sino por el peso que las palabras llevan.

Esta conferencia de TED me ha gustado y aqui os la regalo.

 

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