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Hace un par de días me cruce con un viejo amigo que hacia muchísimo que no veía. Me quedé muy sorprendida de cómo la vida le ‘ha tratado’. Le encontré desmejorado, muy desaliñado. Desprendía una áurea de desencanto por todo, de pocas ganas para nada, de muchas horas echado en un sofá fumando y dejando pasar las horas. Me entristeció verle tan abandonado. Tuvimos una conversación banal, con sus tópicos y típicos temas de estas épocas navideñas. Nos despedimos . Nos alejamos. Nos perdimos de vista. Me queda la sensación gris, pesada, y hasta diría agria, de haberle visto. Aun ahora, un par de días después, cuando le recuerdo, me sobreviene negatividad y pesimismo demasiado viciado para salir de él después de una noche de reflexión. 10891603_10152971408450692_4142054066625492651_nY de este encuentro se generó una conversación. El gran debate giraba en torno a la idea de si, genéticamente, los humanos éramos capaces de mejorar, de aportar calidad a nuestros genes, con simples cambios diarios en nuestras rutinas. De si las generaciones futuras podrían estar dotadas mejor por habernos cuidado más en la actualidad, tanto física como psicológicamente:

  • mejorando la alimentación,
  • procurando una visión positiva de las cosas que nos pasan,
  • desarrollando actitudes que generen pro-actividad y exigencia personal,
  • sociabilizandonos,
  • haciendo deporte y, de este modo, reduciendo el sedentarismo,
  • dando peso a tu YO emocional y mimarlo,
  • etc.

En conclusión, llegar a una realización personal, la ambiciosa misión que no debemos obviar ni subestimar.

En mi opinión, creo que tenemos una responsabilidad para los que vendrán. Pero si eso no es un motivo suficiente para sensibilizarte sobre ello. Hazlo por ti y tu bienestar personal. Esto siempre funciona.

¡No te abandones! ¡Exígete retos diarios que te activen y te hagan sentir bien. No dejes de levantarte pronto y desayunar sano. Arréglate simplemente para ti. Habla de las cosas que te pasan. A los demás también les pasa. No te rindas. ¡Muévete! 1604731_10152847055765692_7971805415101487946_n

“Nicholas, el equipo funciona, así que, si te tranquilizas, podrás respirar”.

Al leer esta Contra de La Vanguardia me ví reflejada en alguna situación vivida. Momentos puntuales en los que me he quedado bloqueada y no he podido finalizar una tarea que, de sobras, sabía que podía hacer y que sabía hacer muy bien.

Y esto sé que no me pasa a mi únicamente. A todos nos ha pasado alguna vez no controlar nuestros actos por un motivo similar o no conseguir aquello que en un inicio nos habíamos planteado. Sencillamente, es resultado de dos aspectos:

1. No estamos educados a mandar sobre nuestro cerebro y, en consecuencia, sobre nuestros pensamientos. 

2. Y cuando lo hacemos, no suelen ser órdenes claras. 

Esto nos lleva a tener, por una parte, resultados erróneos. Y, por otro lado, a estar a merced de las emociones y sus efectos sobre nuestro comportamiento.

Terapia cognitivo-conductual en la Universidad de Manchester

Terapia cognitivo-conductual en la Universidad de Manchester

Es muy sencillo cambiar esta manera de funcionar. Empieza por decirte cada día algo positivo. Y, como dice Nicholas Tarrier: ‘Es una sencilla técnica que todos podemos ejercitar para poner nuestro cerebro a trabajar para nuestro bienestar.

Os dejo la entrevista a Nicholas Tarrier. Algo te hará cambiar la manera de funcionar.

http://www.lavanguardia.com/lacontra/20120913/54350265869/la-contra-nicholas-tarrier.html